Y en el resto del país, continente, casi mundo.
La ciudad se tiñe de un ambiente familiar, disfrutas viendo a los niños reír y sonreír con Cortilandia y con los papás noeles de la calle, e idealizándolo todo un poco, todos estamos de mejor humor, ¿no?
Me estoy precipitando, estamos a 29 de noviembre (Uuuhhh, un mes menos un día para mi cumple!) y las luces ya brillaban por la capital el viernes, así que todo apunta hacia el 25 de diciembre, fun fun fun. A mí no me importa, al contrario, me encanta. Sólo no me gusta cuando en la mesa, un mínimo comentario de alguien te recuerda a alguien que ya no está, y miras a los demás y compruebas que no eres la única que relaciona así los conceptos. Un silencio momentáneo, cuchillos y tenedores pinchando algo inexistente en el plato, carraspeos, mi abuela con la mirada rota, y algo peor justo después, otro comentario para enmascarar lo anterior, con peor resultado.
Si es que no somos perfectos, ni mucho menos.
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