sábado, 19 de diciembre de 2009

Ciclo.


Qué vacío está el árbol. A ver si empieza ya a florecer. No. Aún hace mucho frío.

Vaya, parece que hoy hace algo más de calor. Hay hojas. Pequeñas, inseguras. Dos semanas después, ha salido la primera flor. Qué sola está, pero que bonita y especial...Mira, parece que ya no está tan sola. Ahora está rodeada. ¿Se sentirá vacía, aislada, de todas maneras? Hay cientos de flores y hojas a su alrededor. Para observarlo desde lejos. Qué perfección. Es tranquilizante. Para olerlas desde cerca. Huele a felicidad, a relajación, a vida. Lleva unos meses así. Así de preciosa. A ella la encanta. Ha posado cuando la han querido hacer fotos, ha reído cuando se han escondido detrás del tronco del árbol que le ha dado la vida. Hasta ha sentido algo de envidia sana, cuando dos enamorados se besaban justo debajo de ella.
También huele al comienzo de algo nuevo. A alguien que se despierta.

Y como eso, como alguien que se despierta, de un largo sueño, sale el primer fruto. La flor se siente orgullosa de haberlo creado. De siempre ha sido su verdadera función. Nacer, crecer, reproducirse y morir.
Antes de morir, piensa en la hoja que tiene justo a su izquierda. Aquella joven y verde, hoy teñida por un color castaño rojizo, debido al paso del tiempo. Cree que todavía no sopla suficientemente fuerte como para que se suelte. Aguanta, la dice. Espera algo más...me gustaría que vieras cómo cae la fruta. Yo jamás lo he visto. Necesito que lo veas tú.

La flor ya ha cumplido su objetivo. Ahora puedo desaparecer. Alguien se acerca a ella y extiende su mano. Se sorprende al comprobar que es la mano de la misma chica que se besaba debajo de ella hace unos meses. La flor sonríe. Le gusta su final. La chica se aleja, susurrando un "me quiere, no me quiere" mientras arranca sus pétalos. La quiere.
Cómo le gustaría a la flor, contarle al árbol, a la hoja, y al fruto, que alguien la ha llegado a querer, por tener un pétalo que dice "te quiere".

La hoja despierta, cansada, de un color pardo rojizo. Mira a su derecha y comprueba que la flor ya no existe. Hasta podría pensar que nunca ha existido. Qué poco la queda a ella para morir. Aún está arriba. Piensa en la fruta que tiene justo al lado. Tienes que caer, le dice. Tienes que dejarte coger y ser útil para los que te necesitan. Tres, dos, uno...ahora.
Ha tenido buena suerte. Los niños siempre quieren coger la fruta más alta del árbol.
La fruta disfruta cuando la dan el primer mordisco. Le encantaría contarles al árbol, la flor y la hoja, que se ha sentido querida, por una niña que ha disfrutado con su sabor.

¿Y la hoja?
La hoja se siente feliz. Ahora sí que ha llegado su momento. Y cae. El viento la recoge. Se siente por un momento querida, por algo tan abstracto como el aire. Quiere contárselo a la flor, y a la fruta, y al árbol, quiere decirlas que ha sentido cómo la mecían y la abrazaban.

El árbol vuelve a reducirse a su tronco y sus ramas. Pasan unos meses hasta que llega su momento más esperado. Nieve. Sobre él. Siente que es el apoyo de esa nieve, que cae en finos copos hasta posarse, justamente, en él, en sus ramas.
Al árbol le encantaría decirles a todas sus flores, sus frutas, y sus hojas, que, aunque ellas no lo sepan, cuando llega el frío, alguien helado y blanco, le quiere de verdad. Pero se contenta con esperar dos o tres meses más, y ver nuevas flores, hojas y frutas. Y que así va a ser, para siempre.

1 comentario:

  1. grcias! Bueno sí, teniendo en cuenta que el primer día sin pensármelo ya las estrené! Jajajajaja de momento se combinan solas! Un besito!

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